viernes, 3 de abril de 2015

A.

Hace horas que estoy sola en esa especie de trastero oscuro. Sigo sentada con los ojos vendados en aquella silla medio rota, y escucho como se abre una puerta, por lo que me tenso. Con paso ligero oigo como se acerca, e intento liberarme las manos pero no puedo, las tengo sujetas al respaldo de la silla. Se acerca por detrás de la silla a escasos centímetros de mí, me agarra del pelo y tira con fuerza echándome la cabeza hacia atrás a la par que se me escapa un grito. Oigo una leve risa y no hace nada. Nada se mueve, nada suena hasta que segundos después se acerca para acariciarme el cuello con los labios y finalmente morderme con tanta fuerza que comienzo a sangrar pero esta vez no he gritado, solo he podido dejar caer un par de lágrimas mientras él me tapaba la boca con fuerza.
Me suelta el pelo y noto un gran alivio, siento como comienza a dar vueltas a mi alrededor observándome entre risas y yo no me atrevo a dejar salir ni una palabra de mi boca. Me esfuerzo por no gritar o llorar, me esfuerzo por mantener la calma. De repente se coloca detrás de mí y se agacha a desatarme las manos para seguidamente de un tirón levantarme pero aun sigo con los pies atados y pierdo el equilibrio, cayendo de rodillas a sus pies. Él me da una bofetada y me ordena que me levante. Yo obedezco entre sollozos y me esfuerzo por no perder el equilibrio mientras él se divierte dándome pequeños empujones. Al cabo de un rato de un fuerte empujón me tira al suelo, se agacha a recogerme y me coloca en una posición bastante cómoda de rodillas. No sé qué es lo que hará ahora, pero mis dudas se disipan al notar como de repente me penetra la boca atrayéndome hacia él sujetándome desde la nuca. Siento ganas de vomitar pero él no cesa hasta que al fin siente piedad y me deja respirar por un momento, el cual es efímero, ya que vuelven las continuas penetraciones a mi garganta.
Al cabo de aproximadamente un cuarto de hora, me deja descansar acurrucada en el suelo mientras se prepara para su siguiente capricho. Cojo aire y sigo intentando mantener la calma cuando de pronto me agarra del pelo y, aun tumbada, me arrastra por el suelo hasta un rincón. Yo forcejeo y pataleo, pero no sirve de nada. Para mi sorpresa, se dispone a quitarme la venda de los ojos y cuando ya a terminado, pestañeo un par de veces para acostumbrar mi vista a esa oscuridad. Veo una pequeña ventana por la que se filtra la luz de la luna y justo esos reflejos van a parar hasta aquel rincón al que me ha llevado. Me baja el tanga y yo cierro las piernas por lo que él se enfurece, me abre las piernas con fuerza y sin dudarlo me la mete. Yo miro para otro lado mientras se me humedecen los ojos, pero él me arrea una bofetada, me sujeta la cara y con una voz firme y serena me dice "quiero que me mires a la cara en todo momento, putita, sino lo haces volveremos a las arcadas, ¿me has entendido?" a lo que rápidamente contesto asintiendo con la cabeza. No logro verle bien el rostro, pues está de espaldas a la luz, pero noto como sus gestos son serios e inquebrantables. Me abre más las piernas para introducirse más en mí y coloca su torso a escasos centímetros de mis pechos desnudos. Sus penetraciones son lentas pero bruscas, pero poco a poco va incrementando el ritmo y cada vez con más fuerza por lo que yo no puedo evitar gritar y ya no sé si es de dolor o de placer. Me abre las piernas hasta el extremo y ha pasado de estar a escasos centímetros de mí a estar fundido sobre mi piel. Me agarra la pierna derecha y me la sube hasta colocarla sobre su hombro para acelerar más aun el ritmo entre resoplidos. Noto en su expresión y su mueca de placer que está al borde del éxtasis cuando de pronto me la saca bruscamente para terminar corriéndose por todo mi pecho y parte de mi boca. Se aparta de mí y me ordena que me limpie yo misma rebañando los restos de su semen de mi cuerpo como si de yogur se tratase, y me los tragara. 
Lili.

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