La perdición y la victoria tienen tantas cosas en común. Ninguna de las dos queda conforme a todo el mundo, pues quien acaba en la perdición suele querer volver a intentar para alcanzar la victoria, y a quien alcanza la victoria pronto le asaltará otro objetivo para sentirse pleno. Ambos son finales y prinpios a la vez, endemismos de mentes que nunca se sienten satisfechas y nunca se sienten realmente derrotadas. Por eso a veces parece que todo son ciclos, que todo se mueve según la posición de una rueda que gira y gira sin parar, en la que está colocado todo nuestro esfuerzo, pero que de manera periódica se frena en ciertos puntos, una y otra vez. Pero son ciclos porque nosotros dejamos que lo sea, porque andamos dentro de ese círculo sin preguntarnos porqué lo hacemos y si de verdad esto sirve para algo, porque tenemos la capacidad de salirnos de ese círculo en cualquier momento. Pero cuando el círculo está en una mala posición para nosotros no salimos porque esperamos el giro que nos lleve a la buena, y cuando estamos en la buena posición se nos olvida que la siguiente del ciclo quizás no lo sea tanto. Estamos dando vueltas constantemente sin reparar en que hay más caminos, más horizontes. Más. Solo cuando al fin la realidad nos asalte, y nos veamos cómo hemos dado vueltas una y otra vez recogiendo las migajas de lo que una vez fuimos, entonces estaremos preparados para salir del círculo.
Jack
jueves, 30 de abril de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
Patetismo y basugre
Y más basugre. ¿No la veis?. Crece constantemente. Cada mierda nueva que inunda a la sociedad convierte más mentes en pura basugre. Y la mayoría no será aprovechables. Ni recuperables. ¿Lo más triste?. Que a sus dueños eso les da igual. Dejamos que aquello que creamos nos maneje. Nos viene de lejos, somos humanos. Creamos dioses para entender el mundo. Luego entendimos el mundo. Y nos dimos cuenta de que no podíamos librarnos de esos dioses que habíamos creado. Patético. La creación controlando al creador. Creamos el dinero. Para controlar ¿el qué?. Ni idea, supongo que fue puro ego. Por tener una forma de medirnos unos y otros y compararnos. Y a día de hoy la mayoría mataría por dinero. O moriría por él. Y sigo sin determinar cuál de las dos cosas es más patética. Nuestras creaciones nos controlan. No somos más que monos con traje. Que podían haber sido felices cumpliendo con sus funciones fisiológicas, pero quisimos refinarnos. Maldito momento. Veíamos que el tiempo pasaba, y no sabíamos qué era. Y tratamos de definirlo. Todo para creer que teníamos poder alguno sobre él. ¿Y lo teníamos? Para nada. Ahora nuestra vida las controlan los relojes, siempre cumpliendo horarios. Más patetismo, que parece que no acaba. Deberíamos dejar de crear cosas, todas se vuelven en nuestra contra. Mil cosas que creamos ahora nos controlan. Pero somos la joya de la evolución, que no se nos olvide. Pero mejor recordarlo cuando el horario nos deje un rato libre. O cuando no tengamos que estar pendientes de enfadar a dioses que inventamos nosotros. No sea que la evolución se enfade con sus esclavos. Al final la evolución es una mala hipoteca que nos empeñamos en firmar. Y que nos hará sentir más patéticos cuanto más tiempo pase. Patetismo al cuadrado. Pero qué más da. Nuestro reloj apremia.
Jack
Jack
domingo, 26 de abril de 2015
Basugre
Siempre me he preguntado hasta qué punto nos influye lo que vemos, o lo que oímos, o lo que leemos, o simplemente lo que vivimos. Ya sea para bien o para mal, que eso, al fin y al cabo, da un poco igual, teniendo en cuenta que nuestra percepción sobre un mismo hecho puede cambiar, una y otra y otra vez. Pero es curioso que no seamos capaces de determinar hasta qué punto concreto de nuestra psique ha llegado algo que ha pasado en nuestra vida, es como escapar por nuestra culpa al control de nosotros mismos, y a la vez controlarlo todo sin saberlo. Como el que sabe que es su noche de suerte en un casino y sale de allí con los bolsillos llenos de fichas (aunque ha tenido la misma sensación que cientos de pobres diablos que han entrado antes de él pero que salen debiendo mucho dinero). Es algo que me reconcome, y no porque quiera saberlo, sino porque sencillamente sé que no puedo, eso me pone rabioso. Construimos quimeras para luego perseguirlas como si jamás las hubiéramos visto, y después nos preguntamos por qué no hacemos más que dar vueltas en círculos. Parece mentira, si nosotros mismos lo hemos predispuesto. Una vez que el cordón umbilical se rompe, empieza el juego, llegado un punto nos engancharemos a algo, llámalo, sexo, drogas, cultura, música, aceptación, éxito, o como quieras hacerlo, y nos creeremos mejores que otros solo porque nosotros creemos que nuestra adicción es la mejor. Absurdo, como si discutiéramos el amigo invisible de quién es más real. Todos tenemos la misma mierda alrededor, constante y creciente, pura basugre, pero no queremos verla ni admitirla hasta que nos sentimos derrotados. Nos puede gustar o no, pero el camino está marcado, escoge tu perdición y déjate arrastrar hasta el fin que ella te proporcione, los demás harán lo propio, y a todos nos consumirá el mismo final.
Jack
Jack
martes, 21 de abril de 2015
Otro mundo
Aquello era otro mundo, y queramos o no nos apetece volver. Que al parecer, ni lo malo fue tan malo, pero lo bueno lo vemos aún mejor. ¿Y de qué nos sirve, si al pasado no podemos volver? Y da igual lo que nos esforcemos o nos empeñemos en luchar contra la física, para poder darle marcha atrás al reloj, porque nada se va a repetir de la misma forma que hemos vivido ya. Podemos volver a un lugar que fue importante para nosotros, pero ya no tendrá esa magia que tenía y, probablemente, habrá algo en él que haya cambiado de manera irreparable. Podemos volver a las personas que estuvieron en un buen momento, pero el momento, como tal, jamás se repetirá, y esa persona tampoco será la misma. Podemos guardar una foto o un recuerdo de algo o alguien, pero por mucho que queramos, esos pedazos de tiempo congelados no nos van a ayudar a revivir la sensación que vivimos cuando aquello era el presente. Y es que el pasado devora todo de manera continua, mientras estoy escribiendo esto ya se está convirtiendo en pasado, ya hará minutos, horas que se ha escrito, que ha surgido. Y es que el pasado puede ser un buen lugar para visitar, pero jamás uno en el que establecerse.
Jack
Jack
domingo, 19 de abril de 2015
Cenizas
Consideramos la ceniza un fracaso, los restos de alguien que se consumió a sí mismo en un esfuerzo relativamente inútil, ya que si no lo fuera no habría acabado consumido. Triste, y sin embargo no tan cierto. No porque algo nos consuma hemos fracasado, no por quemarnos somos peores que el que aún arde a fuego lento, el que conserva su oxígeno y no lo quema todo en un momento de locura. A veces lo mejor que habremos hecho vendrá de habernos consumido, de haber dejado que algo nos llegará tan dentro que acelerase nuestro incendio interior, y saber, que no todo el mundo sería capaz de hacer algo así. Y no es por valentía, que da un poco igual en este caso, ni cobardía a la hora de frenar, que aquí ni aparece ni deja de aparecer, es algo más. Dejar que algo que de verdad te llena aunque sepas que te estás consumiendo es un acto de humanidad, simple humanidad, de sentir más y pensar menos, de poner menos límites a lo que creemos y queremos. Nunca somos tan humanos como cuando nos dejamos consumir por algo que realmente nos apasiona, aunque nos consuma.
Porque la gente solo mira las cenizas, durante un rato, y luego desaparece mientras invoca el fracaso desde sus labios. Pero jamás se queda a observar las cenizas, solo se va alegrándose de ser una llama tan tenue que nadie note su resplandor, a consumirse lenta y dificultosamente, mientras en el fondo piensa qué puede ser tan intenso para consumirte tan rápido y qué se debe sentir en el proceso. Y las cenizas, con el tiempo, toman forma de nuevo, y remodelan a aquella persona que se consumió, surge más fuerte, sabiendo algo más, y casi siempre queriendo encontrar algo tan intenso que vuelva a consumirle. Sabe que esa sensación no tiene precio, y como tal la busca.
Jack
Porque la gente solo mira las cenizas, durante un rato, y luego desaparece mientras invoca el fracaso desde sus labios. Pero jamás se queda a observar las cenizas, solo se va alegrándose de ser una llama tan tenue que nadie note su resplandor, a consumirse lenta y dificultosamente, mientras en el fondo piensa qué puede ser tan intenso para consumirte tan rápido y qué se debe sentir en el proceso. Y las cenizas, con el tiempo, toman forma de nuevo, y remodelan a aquella persona que se consumió, surge más fuerte, sabiendo algo más, y casi siempre queriendo encontrar algo tan intenso que vuelva a consumirle. Sabe que esa sensación no tiene precio, y como tal la busca.
Jack
sábado, 18 de abril de 2015
Lili.
Porque cuando más necesita del mundo, nunca hay nadie, solo ella. Solo ella para cuidarse, solo ella para calmar su llanto, solo ella para acabar con su dolor.
Lili.
Lili.
jueves, 16 de abril de 2015
De entre las sombras.
Donde ya no hay claridad, donde solo queda oscuridad, emerge de entre las sombras un haz de luz en el que si te situas, ya no habrá dolor. Da miedo tocarla e incluso mirarla, por si al hacerlo, perturbas su calma. Se la ve tan frágil que una temblorosa caricia podría romperla, pero ahí está, esperando a ser tomada por unas manos firmes que no duden. Esperando a ser tomada por unas manos que ansíen tocarla sin modificar la serena sonrisa que, aún después de todo, sigue portando.
Lili.
Lili.
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