domingo, 2 de agosto de 2015

Uniforme

Pensamos que todo va a ir recto, como un tiro, solo porque hemos invertido (o al menos lo creemos) lo suficiente como para que lo que hacemos sea un tremendo y completo éxito. Y las situaciones son entes que consumen nuestro esfuerzo, que nos pide más y más cada vez, hasta que se cierran. Cuando más tiempo mantenemos una situación abierta, por bien o mal que vaya, mayor es el nuevo esfuerzo que nos pide, tanto emocional como mental, que dicha situación nos exige. Y toda situación exige cada vez más hasta que llega el momento que la cerramos. Y podemos aguantar varias situaciones de este tipo a la vez consumiendo nuestro esfuerzo y energía, pero llega un momento en el que son demasiados frentes abiertos y hay alguno de ellos en los que vamos a empezar a flaquear, de manera terriblemente inconsciente, y puede ser un tema que tenemos ahí acumulado por pereza o el más importante de todos los temas que tenemos abiertos en nuestra vida. No elegimos qué frente falla, y éste puede desembocar en un mal menor (una situación que llevaba mucho abierta pero que no pasaba de ser una mera alucinación con un porcentaje para ocurrir realmente muy pequeño) o desestabilizar todo nuestro mundo.
Por eso, cerrar aquellos temas que sinceramente sepamos que no le podemos sacar más rendimiento no solo es lógico, sino que también, de alguna manera, es necesario. Para nuestra propia mente, y el reparto de nuestra energía.
No puedes vencer todas tus batallas, pero puedes elegir cuáles luchar.

Jack

martes, 28 de julio de 2015

Soltando lastre

Suelta esa decepción, que quema en la mano, déjala caer desde lo alto del precipicio, déjala caer y mira cómo cae, cómo se aleja, cómo rebota en cada roca. Y por último, escucha el glorioso sonido que hace al hacerse añicos contra las rocas, y como suena el mar cuando la aleja de la costa, a un lugar donde a nadie le volverá a molestar.
Hay algunas que son más resistentes, que están aferradas a nuestra mano. Pero nos la podemos arrancar, nos quitaremos piel, nos dolerá, pero será mejor que la reacción de esa decepción. Si esa decepción sabe que vamos al precicipio, no dará muestras de su agilidad, esperará a que la lancemos y tratará de empujarnos con ella al fondo, donde todas las demás decepciones rotas descansan. Si no luchamos y tratamos de vencerlas, nos acabarán lanzando, y volver a subir ese acantilado será de todo menos agradable.
Y está las peores, las que se te necrosan en el cuerpo y tratan de hundirte, de manejarte,de alejarte de ese precipicio del que saben que no saldrían vivas. Y cuanto más les dejemos que nos manejen, más nos controlarán y nos alejarán. Eso es el autoengaño. Y para salir del autoengaño solo hay una solución, y es tocar fondo, en ese precipicio metafórico, debemos lanzarnos, tocar fondo, y dejar que esas decepciones se rompan en mil pedazos, y después, rehacernos de nuestras cenizas. Solo si hacemos eso volveremos a alzarnos victoriosos desde lo alto de precipicio.
Ese precipicio metafórico es nuestra autoestima, y cada vez que desde lo alto que alcanza nuestra autoestima lanzamos algo que nos molesta, desaparece de nuestra vista y deja de ser un problema. Pero si  nos autoengañamos no hay más solución que tocar fondo ya que toda altura que creamos vivir será plenamente inventada, mirar a los ojos a la realidad, y volver a recuperar el control de nosotros mismos desde cero, por duro que suene.

Jack

lunes, 27 de julio de 2015

Némesis.

Detrás de tanta "maldad", de tantos golpes por capricho, de tanta indiferencia, de tanta mente fría y calculadora hasta en los momentos más delicados, después de todo eso, hay una niña. Con toda la inocencia y el miedo que refleja la palabra. Llena de dudas, de preguntas, de desesperación al no saber lo que le pasa. Una niña cansada. Cansada de los infinitos sinsentidos que nacen en su cabeza y desembocan en acciones que terminan por destrozar todo lo que haya a su paso, incluida ella misma.
Seré sincera. Esa niña no se arrepiente del mal que ha causado, y no será hipócrita diciendo que sí, que lo siente mucho. Porque la vida es así, o soy yo o es el resto y sinceramente esa etapa de pensar en el resto la pasé hace bastante tiempo para dar paso a una nueva etapa. Tal vez no sea una etapa mejor, tal vez sea una etapa incluso peor pero a pesar de ello, es el momento más glorioso de mi vida. Podrá sonar egoísta, porque lo es para el resto de personas, pero yo me adoro así.
Me hundo a mí misma para más tarde recoger mi cuerpo inerte y resucitar con más fuerzas aún.
Yo, la única persona que realmente me amará por el resto de mi vida, mi liberación y mi condenación,  mi propio némesis.
Y es desgarrador, es casi insoportable el dolor que se siente al no poder entender lo que realmente deseo, al no entender lo que hago, al no entenderme. Pero es hermoso, la incertidumbre es lo más bonito que pueda existir. Aquello que escapa de nuestra lógica y crea nuevas sorpresas. ¿No es bonito encontrar esa sensación en nosotros mismos?
Al final de todo esto no logro sacar una idea en claro. No sé si es bueno. No sé si es malo. No sé si sirve de algo el hecho de intentar explicarlo. No sé si lucho, o simplemente descanso.

Lili


domingo, 26 de julio de 2015

Ni cuándo ni cómo

Funcionamos a través de razones, de motivos, de porqués.
Podremos tener delante el momento adecuado y perfecto, y en la cabeza todos los tópicos que queramos sobre que el momento adecuado no ocurre dos veces, que ciertas oportunidades no se repiten y demás, pero aún así, si no tenemos un motivo, una razón clara, no haremos nada.
Podremos tener el plan perfecto, calculado y adecuado para acercarnos lo más posible al 100% de efectividad aunque no lleguemos jamás a esa cifra, pero si no tenemos un motivo para ir más allá, de nada nos servirá, nos faltará la motivación y concentración necesaria para hacer efectivo el plan con todas sus garantías.
Necesitamos motivos, y todo lo que hacemos tiene un motivo detrás de sí. O puede que durante una epoca hagamos las cosas sin un motivo concreto pero eso no va a durar para siempre. Con el tiempo aprenderemos a economizar nuestro esfuerzo y energía y solo nos dejaremos la piel en aquellas cosas que queremos hacer. Todo lo demás se saldrá de nuestros parámetros posibles. Por mucho que queramos, nadie se tira piedras a su propio tejado, y si lo hace es porque tiene una buena razón.

Jack

jueves, 23 de julio de 2015

Imitación tóxica

Escuchando una canción me he cruazdo con la siguiente frase "Para ser feliz no aprendas del aprendiz" y para ser una frase tan simple, me ha dado en qué pensar. A veces tratamos de aprender a ser felices viendo como lo son otros. "Esa persona parece feliz practicando X deporte, debería practicarlo yo" "esa otra persona parece feliz comprándose ropa, debería comprarme ropa nueva" o "esa persona es feliz follándose a todo lo que pilla, debería hacerlo yo también". Es cierto que venimos de primates y que tenemos un reflejo de imitación bastante grande, pero en situaciones como estas se nos vienen en contra la verdad. Puede que X persona parezca feliz haciendo algo, pero eso no garantiza que realmente lo sea, ya que las personas también sabemos fingir la felicidad, y puede que a uno mismo esa solución no le sirva para alcanzar la felicidad. La felicidad es algo muy propio, muy personal, y está formado de tantas pequeñas cosas distintas en cada persona, que es absurdo que por imitación la vayamos a alcanzar. Que sí, que tendremos que probar por ensayo y error continuamente a ver qué es lo que vamos sintiendo, y que sensaciones nos da lo que hacemos, pero hacerlo siempre por imitación acaba siendo tóxico.

Jack

lunes, 20 de julio de 2015

Éxito voluble

A veces el éxito está en vencer por encima de muchas más personas.
En otras ocasiones el éxito es no salir mal parado de las situaciones que no pudimos salir vencedores.
En otras está en sacar al menos algo de botín de una batalla escasa y difícil.
A veces está en conservar tu determinación a pesar de haber sido destrozado por la maquinaria de aquello que intentaste realizar.
Puede que en alguna ocasión el éxito lo marque un gran trofeo.
Y puede que a veces tu éxito sea el saber que aunque en ese momento eres un montón de ceniza en el suelo, en un momento dado renacerás como un fénix y todo volverá a empezar.
Hay pocas cosas tan volubles como el éxito, quizás solo la felicidad, pues ambas dependen en todo momento de nuestra situación personal en el momento concreto y de cuál sea nuestra aspiración.

Jack

domingo, 19 de julio de 2015

Fortaleza


La mayor fortaleza se esconde tras los muros más simples, más básicos, menos decorados. Tras aquellos que todo el mundo, por comunes, dejar de mirar tras los dos primeros vistazos.

Jack